SOÑAR CON DIOS
Relatos devocionales y vívidos
Francisco Diaz González
en sus propias palabras
Ediciones: Enrico Diaz Bernuy
Francisco
Diaz González. Lima 1932 – 2021. Tenor
Lírico con estudios en Milán, optó por una vida más hogareña con una segunda
vena artística; la pintura. Pero sobre las artes siempre estuvo presente en su
vida un vínculo muy marcado con la
iglesia católica. Que lo hizo participar
cantando ad honorem en diversos coros para iglesias y también en
solista. Sus temas principales era: el
Ave María de Shubert y composiciones napolitanas, líricas. Actividad que
reflejaba su visión frente a la espiritualidad y temperamento; “O
sole mio”, “torna Sorrento” entre otros.
“Soñar con Dios” es un libro de relatos breves, fruto de un trabajo de motivación literaria para el adulto mayor. Dirigido por Enrico Diaz Bernuy (hijo del autor).
El presente libro de carácter devocional basados en sueños vívidos que el autor experimentó en diversas etapas de su vida.
Sueño glorioso con
el Espíritu Santo
En
una noche de primavera soñé que me encontraba en la terraza de mi jardín.
Acompañado de mis dos hermanas: Violeta y Gladis. De pronto, sentí que debía
mirar hacia el cielo y cuando estuve mirando, una luz brillante como una
estrella bajaba del cielo. Era como si un objeto bajara del cielo con una brillantes tal, como si se tratara de una
estrella muy distinta a todas las que antes había visto.
Y
en el momento que menos me lo imaginé, esa luz que venía del cielo se convirtió
en una paloma blanca. De lo cual, todo
indicaba que se trataba del mismo “Espíritu Santo”. La emoción que experimenté
en esos momentos hizo que mis ojos se llenen de lágrimas. Mis hermanas al verme en ese estado y al
darse cuenta que yo estaba mirando el cielo directamente hacia aquella “ave
luminosa”. Se quedaron enmudecidas. El “Espíritu Santo” que se encontraba
simbolizado con esa ave cada vez, bajaba más hacia nosotros. Luego el ave
“Espíritu Santo” se posó sobre mi hombro derecho.
Me
sentí muy emocionado con un agradecimiento infinito hacia Dios. En esos momentos por sentir el “Espíritu
Santo” sobre mi hombro derecho. Fue una sensación que me llenó de una paz y un
inconmensurable amor que me hizo despertar. Luego de tamaña experiencia y aun
despierto con tan vívida experiencia, lloré emocionado pensando en Dios y su
tan cercana presencia.
Peregrinación al
Cerro San Cristóbal
Me
encontraba caminando en la calle de los descalzos, Rímac. Entonces en el transcurso de mi caminata pude divisar
un tumulto de gente. Era como si aparecieron de la nada, y todo indicaba que se
trataba como de una procesión. La ruta que todos se dirigían era hacia la
enorme cruz que está en la cima del cerro. Por lo tanto, sin pensarlo dos veces me uní a ese grupo de
personas.
Todos
rezaban con una devoción muy notoria y
me hizo sentir, que también debía hacerlo. No solo caminar con ellos, sino rezar también. Así que unido en esa marcha hacia la cruz del
cerro. Finalmente llegamos y al rodear la cruz y justo cuando íbamos a entonar
un canto devocional. El suelo empezó a temblar hasta poder sentir y definir que
estaba ocurriendo un sismo.
Todas
las personas que estaban conmigo, empezaron a gritar con mucha desesperación y
al mismo tiempo buscaban huir del sitio. Probablemente porque al estar frente a
la enorme cruz, quizás pueda caerse encima nuestro. Por ese motivo todos huían.
Sin
embargo, yo sólo quería quedarme frente a la gran cruz y a pesar que me encontraba corriendo riesgo que
vaya a caerme encima la cruz, sentía que a la vez, esa misma cruz me iría a
proteger.
Con
los minutos que pasaba e temblor empeoraba en una medida que ya parecía terremoto. Pero yo seguía ahí. Arrodillado
frente a la cruz, y pude ver como el cristo que se encontraba en la cruz se
desploma y cae sobre mí y yo lo recibo en brazos. Cuando lo miro a su rostro,
no se trataba de ninguna escultura. ¡Era un humano vivo! ¡y era Cristo!
Recuerdo
sus cabellos castaños y su amable mirada llena de amor. Es difícil describir la temperatura de su
piel, el brillo de su cuerpo.
Sentí
una gratitud inmensa porque en esos momentos, el honor de recibir en mis brazos
a Cristo, hizo vibrar mi alma hasta las lágrimas.
Unas
lágrimas de felicidad que aún sin acabar
el sueño, me hicieron despertarme. Mi esposa que me había escuchado llorar por
lo vivido en ese sueño. Ella se encontraba asustada, preocupada, por no saber
el origen de mis lágrimas…, pero luego al saber mi historia, ambos nos pusimos
a orar con total gratitud y clamor.
Inolvidable sueño
con Jesús
Todo
comenzó en la ciudad de Jerusalén, y yo me encontraba alojado en una casa
sencilla. Cuando de pronto, vi que la puerta de la casa estaba abierta y pude
darme cuenta que en la calle había un tumulto de gente que estaba corriendo.
Como
si se tratara de un acontecimiento importante. Lo que eso provocó en mí es que
sienta mucha curiosidad por saber qué estaba ocurriendo. Así que sin dudarlo me enrumbé con esas
personas en una ruta que no sabía a
donde conducía.
De
esta forma, llegamos a un lugar donde Jesús estaba crucificado ¡y aún con vida!
Me
sentí con una emoción tal, debido que al
estar frente a su presencia y sentir su dolor qué estaba atravesando… Yo en
esos momentos no sabía qué hacer, me sentí inmovilizado. Y mientras mi rostro se
cubría en lágrimas, vi el brazo de Cristo cómo se desprendía de la cruz. Yo
atiné en extender mis dos brazos para recibirlo y logré tocar su piel.
De
pronto, todo su cuerpo se estaba liberando de la cruz, y yo lo estaba
recibiendo tratando de ayudarlo para que no caiga al suelo. Finalmente lo
estuve sosteniendo en mis brazos.
Me
encontraba casi arrodillado como si sostuviera a un ser amado. Ver su sangre en
su cuerpo el dorado de sus cabellos castaños y una mirada que es imposible de
describir llena de amor y misericordia.
En
esos momentos no tenía palabra alguna para decirle, solo la emoción que me
embargaba hasta las lágrimas. De pronto,
vi que de sus labios estaba a punto de decirme algo. Vi sus labios temblorosos
alistarse a decirme algo, él me estaba mirando directo a mis ojos como si me
avisara que ponga atención. En ese mismo momento mi esposa me despertó
completamente asustada. Me decía: ¡Paco, Paco! , ¡por favor despierta!
Le
respondí: ¡No Iraida! no me despiertes y la imagen aun presente y sus labios a
punto de decirme el mensaje vi cómo se desvanecían. Mientras que
las manos de mi esposa Iraida me
removían con la intensión de despertarme
de aquella escena en la que ella me veía llorando y durmiendo a la vez. Mientras que yo estaba frente al cuerpo y
ojos de Cristo.

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